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Día 6: popurrí

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El temblor interno. El aviso. La falta de pistas. La sorpresa. La noche. El engarrotamiento. El miedo. La cabeza. Los amigos. El intercambio. La charla. La película. El reloj. La desesperación. La madrugada. El cansancio. La hora cero. La respiración. Lo incómodo. Las gotas. La luz. El canto de los pájaros. El sueño.  E l despertar. El dolor de cabeza. El vértigo. La rutina. El abrir las ventanas. La dieta. La cocina. El licuado. El desayuno. La familia. La distancia. La comunicación. La confirmación. Las noticias. Las tareas. El cambio de cita. La lavada de los platos. El orden. La limpieza. El tender la cama. El regar las plantas. La trapeada. La computadora. Los comentarios. Los documentos. La concentración. La puesta al día.  La solicitud. La teleconferencia. El traslape. El recuento. El origen. La semana pasada. La comida. Las opiniones encontradas. El enojo. La ansiedad. El no hacer caso. La discusión. La partida. El encierro. La compra. El desengaño. El pánico. La...

Día 5: ¡viva la UNAM!

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Seis y media de la tarde. Las sombras se alargaban, hacía calor y una combinación de trinos diversos y cantos de chicharras flotaba en el ambiente. Esta última semana han sido frecuentes las noticias con animales "paseando" por las ciudades; queda claro que la naturaleza no requiere mucho tiempo para desaparecernos. ¿Cómo se vería la UNAM si eso ocurriera? La mayoría de los chilangos —y aprovecho para confesar que el gentilicio no me agravia— solemos quejarnos demasiado, a veces con razón y otras sin ella. No nos damos cuenta de lo privilegiados que somos al tener un espacio como la Ciudad Universitaria , también llamada CU. Los 7 km² que integran desde 1952 el campus central de la Universidad Nacional Autónoma de México —alias, la UNAM—, se encuentran al sur de la ciudad en la zona de roca volcánica conocida como el Pedregal. En 2007, el primer circuito universitario fue declarado por la UNESCO Patrimonio cultural de la humanidad ya que aglutina, en más de 50 edifi...

Día 4: los diarios

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Llevar la cronología de los sucesos es algo muy cotidiano, desde siempre. En las culturas antiguas hay ejemplos que van desde aquellas fabulosas pinturas rupestres de cacerías inmortalizadas hasta los códices de pergamino o papel amate que relatan batallas épicas. Si revisamos la historia de la humanidad, encontramos diversas descripciones más recientes —o no tanto— como las de Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig o Los cazadores de microbios de Paul de Kruif. También existen versiones mucho más íntimas de diversos personajes históricos y literarios como Ana Frank o Mary Shelley . En ese vasto mundo de las bitácoras y los cuadernos hay registros de los viajes, los cataclismos, los reinados, los encierros, el aprendizaje, la memoria, el trabajo, los periplos a lo largo de los siglos y hasta los sueños: todo ha sido —y es— objeto de nuestra atención. Hoy día y con el desarrollo de la tecnología, tenemos diarios en una multitud de soportes y formatos, con textos, ...

Día 3: las pequeñas cosas

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Todos tenemos problemas. Y los problemas de cada uno son siempre los más importantes en lo individual. Ahora tenemos, además, problemas comunes, grandes problemas para los que ninguno está preparado, problemas que nos superan y que parecen llenar todos los espacios y nos ahogan. Y se resumen en una palabra: coronavirus. En los últimos días y entre los amigos con los que estoy en contacto, sé que hay muchos que llevamos días en que no logramos dormir o que no descansamos bien. Somos todos presas de distintos grados de ansiedad al grado de que, aunque tenemos la posibilidad de hacer un montón de cosas —con las que incluso soñamos hacer en cuanto tuviéramos tiempo—, no nos concentramos. Estamos en una época de crisis general y que yo aquí apenas esbozo. Desde hace días también circularon documentos de ayuda para la salud mental que hoy es prioritaria, aún y cuando nosotros no tenemos declarado todavía —¡qué fortuna!— el aislamiento obligatorio. Hace días, uno de mis estudiantes me pi...

Día 2: lo útil

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Creo que lo mejor que una puede hacer para evitar que la cabeza te lleve a territorios poco propicios es ocuparse. Probablemente exagero, pero ha sido siempre mi directriz personal. Seguro que el "estar ocupados" viene de familia, pero esa es otra historia. Me parece que en estos días de aislamiento, parte de la función social de todos debería ser compartir cosas útiles. Hay quien diría que es mi obsesión —y tendría razón— pero, a fin de cuentas, compartir consiste en conectar personas. De ahí su utilidad doble: por un lado evita la soledad y el aislamiento individual y, por otro, aporta actividades de provecho que van desde el esparcimiento hasta el trabajo. Hoy recibí una llamada de mi padre: me cantó la canción de la primavera que él cantaba cuando estaba en el kínder y que desde hace ya, muchos años, es una rutina entre ambos que sucede todos los veintiuno de marzo. Probablemente sea una tontería, pero para mí es algo importantísimo: representa un espacio único y pri...

Día 1: las jacarandas

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Mi momento favorito del año es cuando florecen —casi efímeras y como si fueran mágicas— las jacarandas. La Ciudad de México se ve hermosa con ellas a finales de febrero y durante marzo. Hoy (20 de marzo de 2020) llevo ya tres días guardada en casa y siento que no podré disfrutar con plenitud de la marea lila que inunda la ciudad al inicio de la primavera. Si no fuera porque el martes pasado salí a encontrar a mi padre y hermano, llevaría ya una semana completa de estar en casa por pura voluntad. Confieso que me encanta andar de un lado para otro pero también disfruto no salir: nunca me aburro y siempre creo que falta tiempo para hacer lo que me gustaría hacer, independientemente del trabajo que, en buena medida, realizo con la computadora. Como la chamba lo permite, hace unos días llevé a la acción el lema de "quédate en casa". No me asusta la palabra cuarentena; lo que sí me preocupa —como a cualquiera— es desconocer cuánto tiempo estaremos metidos en casa. Y eso ...

Día 0: presentación

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En el primer día del equinoccio de primavera, el sol lució esplendoroso allá en Dzibilchaltún —a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán. Como cada año, una especie de ventana en las ruinas arqueológicas se llenó de luz para generar admiración en los visitantes. Pero justo hoy no había nadie ahí para sorprenderse porque ¡estamos en cuarentena! Cuando digo cuarentena evoco el periodo de 40 días que se estableció hace varios siglos para librarse de la peste negra. Lo cierto es que aunque hoy la peste, en sentido figurado, somos nosotros los humanos, llamamos cuarentena al periodo actual de resguardo —y de temporalidad aún incierta— para el "quédate en casa" que aquí en la Ciudad de México y en todo el país, han recomendado las autoridades. Hemos incluido en nuestra conversación cotidiana del último mes —a distancia de un metro y medio, se sabe— un montón de términos científicos que, estoy segura, no comprenden la mayoría de los mexicanos pe...